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Salvadoreñismos que se respetan

Ssusy1PrincipalPor: Susana Barrera

Master en Turismo Rural

Aún no me queda claro si es afirmación, si es pregunta, si de tres palabras hemos hecho una sola, algo así como “Yadecamino”, pero si es evidente que con esa expresión de nuestra gente hay un gran augurio y los mejores deseos en la construcción del andar. Como esa sentencia hay una diversidad de expresiones simples y compuestas en la cultura nacional que son utilizadas para denotar las situaciones cambiantes. Tanta importancia tiene los salvadoreñismos en nuestras vidas que existen sendos diccionarios especializados y de libre acceso en el internet. Algunas sentencias muy simbólicas le describo a continuación.

“Yadecamino” o “Yavasdecamino”, esta última expresión puede ser la variante, la acostumbramos a decir cuando nuestra visita está por retirarse. Aún se emplea cuando se tiene la certeza de un camino difícil como son los desplazamientos o los éxodos masivos que son constantes y en los últimos tiempos obligados por la inseguridad y las condiciones económicas. Fenómeno estudiado por diferentes organizaciones e incluso por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

“Yadecamino” también es la expresión folclórica para quienes trascienden y conforman nuestro “campo santo” personal. Ese paisaje de seres queridos sumamente íntimo y que nos va acompañando.

“Qué yuca”, expresión más moderna, cuando la situación es compleja, haciendo alusión a un tubérculo que puede ser muy duro, como cuando debemos enfrentar condiciones difíciles o adversas de cualquier naturaleza. Sin duda, es una expresión cotidiana de un 34 por ciento de los hogares salvadoreños se encuentra en condición de pobreza multidimensional (DIGESTYC) o subsistiendo del trabajo informal o con dos dólares al día. También cabe la expresión para definir la condición de “muerte civil”, alude a las personas que sobrepasan los 35 años de edad y las oportunidades laborales se vuelven casi nulas, o se demandan de mayores competencias.

“Qué yuca”, exclamación propia para calificar espacios laborales tóxicos que son “campos de batalla” y muy frecuentes en el mundo actual; denota la queja ante ambientes de incertidumbre y de poco manejo de emociones. Aplica también en algunos escenarios de familias donde la comunicación falla. También al territorio o barrio inaccesible y donde se pone en riesgo la vida por absurdas disposiciones.

Otra expresión frecuente es “Qué chivo” usado para celebrar osadía o valentía de una persona como ejemplo: los jóvenes salvadoreños que construyen sus propias oportunidades universitarias a partir de dedicarse al oficio informal, sus historias se han destacado en El Diario de Hoy. “Qué chivo” exclamación para resaltar la belleza de un paisaje o la utilidad de las cosas, y que, sin duda, se menciona a diario en los diferentes escenarios de la vida.

A propósito de esos escenarios, estamos a las puertas de una nueva gobernanza nacional y modelo de gobernabilidad, aplicando estos salvadoreñismos propios de nuestra identidad, cultura y del día a día, fácilmente podríamos decir: “Ojalá que nos vaya bien”, que podamos tener respuestas a esas condiciones “Yucas” y que al final de cinco años califiquemos la gestión de “Que chiva” y no digamos “Nos dieron paja”.

“Paja”, denota mentira, falsedad, falta de coherencia con los valores relacionados a la honestidad, y en consecuencia acarrea la desconfianza a un sistema o persona. Ud. que lee este artículo dirá si todo lo que se dice en el mismo “es paja” o simple demagogia, lo cierto es que tenemos la fortuna de contar con nuestro propio lenguaje para expresar la alegría, el coraje, la tristeza y cualquiera de nuestras emociones en tiempos de cambios.