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#Semblanza. Frankie Avelar, el bronce que reluce como oro

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El boxeador obtuvo medalla en los Panamericanos de Indianápolis 1987. Vive en Las Vegas, trabaja de entrenador y tiene recuerdos imborrables de su participación.

Redacción y foto: Eva Regina Linares, Comité Olímpico Nacional

 

Quizá el nombre de José Avelar no diga mucho. Si uno entra a Google y combina su nombre, su apellido y la palabra Panamericanos se encontrará con una sorpresa.

El buscador dará como respuesta que se trata de un boxeador salvadoreño medallista en los Juegos Indianápolis 1987. Eso y pocos más detalles, ni siquiera una fotografía como testimonio. Sin embargo, si se empieza a indagar en la web en búsquedas más avanzadas nos llevará a conocer a un personaje increíble.

Ahí, es donde encontramos a Frankie Avelar, como era más conocido en Estados Unidos, país al que emigró siendo un niño. Su verdadero nombre es José Francisco Avelar, pero cuando se mudó a Las Vegas le quedó ese apodo. Frankie no solo fue el tercer salvadoreño en ganar medalla en Panamericanos (1987), también participó en los Juegos Olímpicos Seúl 1988 y peleó nada menos que contra Óscar de la Hoya.

Hoy, Frankie sigue viviendo en Las Vegas y es entrenador de boxeo desde 1995, pero todavía atesora ese bronce conseguido en Indianápolis. "La medalla la tiene mi mamá, es un recuerdo imborrable", cuenta el púgil, quien lleva casi 25 años sin visitar su país natal. "En ese momento yo estaba muy feliz, pensé que era el primer salvadoreño en ganar medalla panamericana. Después me enteré que ya se habían ganado dos, pero que desde el año 1979 no había habido logros", recuerda.

José Francisco Avelar nació en San Salvador y creció en la colonia Monserrat, en los alrededores del Estadio Cuscatlán: "Le iba al Alianza y soñaba con ser futbolista, era un buen defensa y le pegaba bien con los dos pies... pero un día mis amigos me llevaron a practicar boxeo y me enamoré de este deporte. Íbamos al gimnasio Golden Gloves". Luego, de forma abrupta, tuvo que emigrar a Estados Unidos con la ayuda de un coyote.

"Era el tiempo de la guerra, la cosa se puso fea y con mi hermano nos fuimos a Las Vegas, donde ya estaba mi madre trabajando", explica. La travesía, desierto incluido, fue complicada y hasta terminaron en un centro de detención.

Los Panamericanos de Indianápolis fueron una experiencia única, incluso le sugirieron que participara representando a los Estados Unidos: "Yo era residente, pero no ciudadano, así que lo hice para El Salvador, incluso estuve en el país para unos duelos contra Guatemala que me dieron la clasificación". También recuerda que el viaje a Indianápolis se lo pagó él mismo. "A esos Juegos también asistieron mi hermano Saúl y Henry Martínez. Para los Olímpicos de Seúl ahí sí me ayudaron y quedé quinto".

Del boxeo amateur pasó al profesional, donde tuvo varias peleas estelares, entre las cuales destacó el de Oscar de la Hoya, en 1993, quien le venció por nocaut técnico. Ahora lleva más de 25 años como entrenador, formando a los boxeadores del mañana. Su nombre ha quedado en la historia de los Panamericanos.