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 El café Bella Nápoles es considerado como un referente no solo de poetas, escritores o cineastas, sino de salvadoreños a quienes sus padres de pequeños los llevaron a saborear un buen sorbo de café en los “pichelitos” que después de medio siglo aún se añoran.

Redacción: Nancy Pérez-@elperiodista_sv

Fotos: Ernesto Martínez

En el centro histórico de San Salvador se encuentra apostado el café Bella Nápoles, el cual ha sido un punto de encuentro no solo de familias, sino también de grandes poetas, pintores y escritores como Silvia Elena Regalado, Roque Daltón, Manlio Argueta, entre otros.

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Al llegar al lugar ubicado en la cuarta avenida Sur #113, el aroma a café logra atraer el sentido del olfato de los clientes, que fusionados con la fragancia de la repostería invitan a más de uno a no dejar de dar un sorbo de esta bebida acompañada con un buen pedazo de semita pacha o alta.

Para recordar sus andanzas y malandanzas encontramos reunidos a escritores y cineastas como Norman Douglas, quien había llegado desde Panamá para reunirse con sus compañeros en Bella Nápoles y de paso saborear una espumeante y exquisita taza de café. Entre la mesa de poetas estaba también el escritor salvadoreño José Roberto Cea.

“Este es mi lugar de nostalgia, donde me reúno con mis amigos, es un punto de encuentro. Aquí viene toda la gente desde abajo para arriba, hasta la policía ha venido. Recuerdo que un día no tenía plata y me traje a una chica a tomar un café, Bella Nápoles me sirvió de refugio”, compartió el dramaturgo Norman Douglas Badía, que se encuentra de visita en el país.

CAFETERIA1Concepción Matamoros de Gutiérrez, cuenta que los creadores del café Bella Nápoles fueron sus padres (Marta Matamoros y Ramón Matamoros), pero después de su fallecimiento, ella está al frente del negocio y la tradición.

Rememora que el nombre de Bella Nápoles se debe a la añoranza de su abuela por Italia, pues era de descendencia italiana.

Bella Nápoles que abrió por primera vez sus puertas un 19 de junio de 1961, conserva aún su estilo y es un referente no solo para gente común del país, sino también para intelectuales.

Doña Concepción, que forma parte de la segunda generación al frente de Bella Nápoles comparte que varios de los clientes que visitan el café son personas adultas y jóvenes que le comentan que cuando eran pequeños sus padres les traían a Bella Nápoles.

“Yo venía de pequeño y siempre me recuerdo de los sándwich de pollo y las milhojas”, expresan a doña Concepción algunos clientes.CAFETERIA2

Pero los relatos no se quedan ahí y van más allá, pues dice que sus clientes que regresan después de mucho tiempo le preguntan porque ya no sirven el café en pichel, algo que ha sido toda una característica del lugar en antaño.

“Se dejó de servir el café en los picheles porque la fábrica desapareció y los que se tenían con el tiempo se fueron arruinando. El ministerio de Salud nos dijo que ya no los usáramos, así que tuvimos que desistir, aunque aún la gente que tiene tiempo de no venir o llega del extranjero añora que le sirvamos el café en los pichelitos. A veces vienen y me piden uno para el recuerdo, pero todos los regale”, comentó.

CAFETERIA4Y aunque en Bella Nápoles, ya no sirvan el café en estos picheles, los comensales siempre llegan a disfrutar su café americano o capuchino, cien por ciento salvadoreño, acompañado con una milhojas, una peperecha, un borrachito o bien saborear una pizza u otro platillo fuerte.

“Entre los platillos más buscados está el café y toda la repostería, nosotros fuimos de los primeros en hacer pizza, también servimos sopas de pata, gallina india, espagueti, el menú es más variado”, indicó doña Concepción.

Es así como con el paso del tiempo, han tratado de adaptarse a las necesidades de las personas y por ello también han creado platillos económicos.

“Nos sentimos agradecidos que venga la gente, aunque ya no viene como antes, pero siempre llegan pintores, poetas, escritores, aunque no sé muy bien sus nombres, pero vienen a tomarse su taza café a Bella Nápoles”, compartió doña Concepción.

Entre las dificultades que han afrontado en Bella Nápoles recuerda que han sobrevivido a dos incendios, uno que se dio en el negocio que estaba antes ubicado en la cuadra siguiente y otro donde ahora se encuentran, pero que “gracias a Dios lograron salir siempre adelante”.

“En el primero agarro fuego una venta de ropa que teníamos a la par y como la casa era de bajareque se quemó toda. En el otro incendio agarró fuego una ferretería”.CAFETERIA6

Pese estas adversidades doña Concepción comparte que Bella Nápoles tiene 54 años de ofrecer sus mejores delicias a los salvadoreños y extranjeros en medio de un ambiente casero porque siempre conserva su estilo.

“Tenemos mucha gente en el extranjero que añora nuestras semitas, las tortas de yema y el pan en si … nos dicen cuando vienen que lo que más les gusta es que seguimos con la misma receta y que no hemos variado, eso le gusta a la gente…el sabor…cada pan tiene su propio sabor”, confesó la administradora.

La repostería y el pan dulce han cruzado fronteras cuando los salvadoreños radicados en Estados Unidos, Canadá y Australia llevan estas delicias a otras latitudes. “Vienen pidiéndonos exclusivamente semita para mandar al extranjero, eso nos anima a seguir adelante, y esforzarnos por dar siempre lo mejor a los clientes”, expresó doña Concepción.

CAFETERIA10Entre los recuerdos de doña Concepción destaca como su madre inició el negocio con un aproximado de ocho personas y como con el tiempo llegaron a tener hasta 30 empleados atendiendo al público.

“Ahora solo contamos con nueve empleados porque el centro de San Salvador está un poco menos visitado que antes, con todos los centros comerciales que han abierto la gente a veces prefiere irse a ellos, a parte que la gente tiene temor bajar al centro, pero yo les invito a que nos visiten porque no hay que tener miedo, porque si uno tiene temor sería de todos lados, porque en todas partes sucede de todo”, detalló doña Concepción.

Y aunque el negocio, es la herencia de tres hermanas, es doña Concepción, quién se mantiene al frente de la caja y la administración de Bella Nápoles, un lugar que aún conserva sus colores y sabores; es decir como si el tiempo no hubiese pasado.