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Insomnio infantilAlertan alza de consultas de menores que se quedan dormidos en clases, tienen dificultades de concentración, están más inquietos y bajan sus notas.   

Redacción y Foto: Agencias

Niños y adolescentes que se duermen en el auto, en el furgón escolar o en la micro mientras van camino al colegio. Muchos se van sin desayuno porque no tienen hambre. Pero cuando llegan a casa tras la jornada escolar completa son capaces de dormir dos horas y comer una mayor cantidad de alimentos ricos en hidratos de carbono y azúcar.

Según un estudio realizado en más de 50 países por el Centro de Estudios Internacionales Timms y Pirls del Boston College en 2013, Chile está entre los ocho países en los que más escolares y adolescente sufre privación de sueño: para entonces la estimación era que alrededor del 63% de estudiantes de 4° año básico y del 74% en 8° básico tenía esta dificultad.

Desde entonces esta cifra no parece haber mejorado. Según los especialistas, las consultas han aumentado.

Pedro Menéndez, neurólogo infantil de Clínica Avansalud dice que “existe una compensación familiar permisiva” que agrava el problema. En otras palabras, los padres permiten que niños y adolescentes se duerman más tarde.

Según Menéndez, muchas veces los menores son derivados al neurólogo por problemas de irritabilidad, hiperactividad, falta de atención y bajo rendimiento escolar, “pero todos estos síntomas tienen como base la falta de sueño” y solo se dan cuenta cuando el médico pregunta cuántas horas están durmiendo, dice.

A largo plazo, agrega, la pérdida de hábitos está relacionada con cuadros de desinterés, irritabilidad crónica y depresión.

Adolescentes

Solari destaca que entre quienes llegan a la consulta del neurólogo los problemas de sueño son frecuentes. En el caso de los adolescentes, explica que existe una combinación biológica y de hábitos que incrementa las dificultades. “En ellos el peak de melatonina (hormona que regula los ciclos de sueño) se produce más tarde, alrededor de dos horas después. Por lo que si antes a las 21.00 ya tenían sueño, ahora es después de las 23.00”, dice. A eso se suma que llegan más tarde del colegio, deben hacer tareas, preparar las cosas para el otro día y comer. Al final, sólo después de las diez de la noche terminan sus actividades y recién entonces tienen más tiempo para conectarse y hablar con sus amigos. “Los adolescentes ahora también tienen tiempos de traslado más largos, igual que los adultos y eso también influye. Se tienen que levantar más temprano para ir al colegio y llegan más tarde a la casa”, señala Solari.

Retomar los hábitos de sueño es complicado, dice la neuróloga, porque es toda la familia la que tiene que cambiar sus hábitos y dormir más temprano.

María José Millán, directora del Centro de Atención Psicológica de la U. Andrés Bello, recalca que la rutina y los hábitos en los escolares repercute directamente en el desempeño escolar: “Si un niño no duerme la cantidad de horas que requiere su organismo o no se alimenta adecuadamente estará en desventaja frente a sus compañeros a la hora de integrar nuevos aprendizajes”, indica.

Dependiendo de cada familia, en promedio se requieren entre 15 días y un mes el retomar o establecer rutinas.

 

 

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