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Madre de dos hijas, una de 16 años de una primera relación, y de la pequeña Laura Bolsonaro, de 8 años, Michelle es, según medios nacionales, una mujer de pulso firme.

Redacción y foto: Agencia internacional EFE

 

BRASILIA.- Religiosa y discreta, la nueva primera dama, Michelle Bolsonaro, se mantuvo lejos de los focos pero solo hasta ahora. Con la elección de su marido, Jair Bolsonaro, a la presidencia de Brasil inició una etapa de mayor exposición, y ayer tuvo incluso un inusual rol protagónico cuando habló en el Palacio del Planalto durante el acto de asunción de su esposo.

Michelle de Paula Firmo Reinaldo, de 38 años, nació en Ceilandia, cerca de Brasilia. De origen humilde, fue definida por una tía como una mujer "guerrera y con visión", en un reportaje divulgado por un portal nacional.

Coqueteó con el modelaje, pero desistió rápidamente. Pasó por algunos trabajos temporales hasta entrar en el Congreso como secretaria. Allí conoció en 2007 a Bolsonaro. La chispa de la pasión se encendió rápido y poco tiempo después, el entonces diputado le hizo una oferta laboral que derivó en un matrimonio civil. La relación le costó el empleo a Michelle, por tratarse de un caso de nepotismo.

En las pocas participaciones públicas que tuvo desde entonces se mostró como una mujer de gustos simples.

Antes de la elección dijo en una entrevista que aprendió a "no negar agua ni comida a nadie" y se definió como alguien dedicada a las personas con deficiencia, especialmente a la causa de los sordomudos y, como demostró ayer públicamente frente al Palacio del Planalto, domina el lenguaje de señas. En una inusual entrevista durante la campaña dijo que realizaría "todos los trabajos sociales posibles".

Michelle mostró más proyección desde que Bolsonaro se impuso en la elección presidencial. Mantuvo su cuenta de Instagram como privada, pero retomó Twitter a fines de octubre.

En la foto de perfil se la ve imitando una pistola con la mano, un símbolo popularizado por su marido, partidario de la flexibilización de la portación de armas para enfrentar la criminalidad.

Por Twitter negó que hubiese ordenado la retirada de símbolos católicos de la residencia presidencial debido a su fe evangélica, contradiciendo una información de la prensa local.

"¡Cuánta maldad! Soy evangélica y mi marido, católico. Nosotros nos respetamos, jamás faltaría el respeto a su religión o a la de cualquier persona", escribió.

Comparte los posts de Bolsonaro, de sus hijos y de sus principales seguidores, pero también usa su propia voz para respaldar las posiciones de su marido y atacar al Partido de los Trabajadores (PT), la fuerza de izquierda que gobernó el país durante 13 años con Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff.

El tono melódico de su voz contrasta con el estilo marcial del marido, quien solo tiene palabras de amor para esta rubia de fe tan comprometida que en sus nupcias eclesiásticas de 2013, prohibió música en vivo y escuela de samba, según reseñó el diario Folha de S. Paulo.

Ella tampoco escatima expresiones de admiración por el excapitán del Ejército. Bolsonaro "es humano, se preocupa por las personas, es un ser maravilloso, quien convive con él sabe que él es así", decía Michelle en un video difundido por uno de los hijos del militar este año.

"Ella no se las hace fácil. Está siempre pendiente de las hijas. Bolsonaro dice que cuando ella está en el comando, peleando con las hijas, él ni se mete por miedo", comentó el pastor evangélico Silas Malafaia, amigo y casamentero de la pareja, citado por el portal G1.