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Miguel Hernández


Creo que el arquitecto de origen francés Alberto Toflet, cuando se colocó la primera piedra del Hospital Rosales allá por 1891, jamás imaginó ver aquel edificio con valor patrimonial de estilo neoclásico y neogótico tan deteriorado y en un estado crítico de funcionamiento.

Por: Miguel Hernández, Periodista, desde Houston

Este edificio, dependencia del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social que terminó de construirse en 1902 es considerado el principal centro de salud para referencia de pacientes a nivel nacional y el más especializado para el tratamiento de diversas afecciones; es decir, el único donde los salvadoreños pueden buscar salud de forma “gratuita”.

El Rosales como se conoce popularmente, al igual que otros centros de asistencia social, necesitan de emergencia fondos que fortalezcan su funcionamiento. Fondos que solo necesitan los votos de los llamados padres de la patria para autorizar un préstamo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por un monto de $170 millones de dólares para financiar el “Programa Integrado de Salud II”, el cual tiene como objetivo mejorar la salud de la población, a través de la construcción del nuevo Hospital Rosales, y otro más en el área de San Salvador.

La medida también incluye la rehabilitación de alrededor de 40 unidades comunitarias de salud, y tres casas de espera materna. Un proyecto que vendría a palear la emergencia que vive el pais en materia de salud.

Sin embargo; los diputados se han enfrascado en un NO rotundo; demostrando así que la salud del pueblo no es de su interés y que sólo llegan al congreso a llenarse los bolsillos a costilla de quienes los eligieron.

Estos individuos mal llamados diputados acaban de tomar posesión en sus curules para el período 2018-2021, quieren sentirse cómodos durante su gestión y desde ya han autorizado la construcción de un nuevo edificio legislativo, porque según su presidente Norman Quijano diputado del partido ARENA “ la actual estructura es incómoda y peligrosa”.

Peligro es el que se vive en las calles acechadas por la inseguridad social, la delincuencia común y organizada; por la falta de atención en la salud y la falta de oportunidades de empleos. Eso es peligro y el salvadoreño común lo sabe y enfrenta día a día, mientras los legisladores discuten y aprueban un techo seguro para sus intereses personales.

Es tiempo de levantar la voz unánime y organizarnos en un solo bloque y dejar a un lado nuestras diferencias ideológicas y exigir a los diputados respeto a los derechos adquiridos con sangre. Porque con la salud de un pueblo no se juega. Exijamos la construcción de nuevos hospitales y una política acorde a la salud del pueblo salvadoreño.

Es tiempo de exigir una legislatura a favor del necesitado y demostrarle a los diputados que El Salvador clama por sus derechos plasmados en la Constitución y que en el tema de salud no se está dispuesto a retorcer y que al igual que otras tonterías y caprichos de nuestros diputados, la construcción del nuevo Hospital Rosales es también una Emergencia.