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Moisés1PrincipalPor: Moisés Castellanos

Esta crisis nos ha puesto a prueba, no sólo a nuestros gobernantes, sino a todas las manifestaciones de liderazgo que existen, empresarios, líderes locales, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, hasta cada uno de los ciudadanos donde hemos aprendido a conocernos.

Lo que sí es cierto, es que los vientos que soplaron antes de las crisis nos gritaban que debíamos de prepararnos no para erosionar nuestros cimientos sino más bien para construir puentes.

Los conflictos y antojos no nos han llevado a nada, y nuestros sentimientos por las consecuencias de lo incontrolable se encuentra a flor de piel, sufrimos sí, pero la realidad nos alcanzó. Hoy más que nunca estamos ante la última advertencia para construir puentes que se sostengan con el diálogo y el sentido común.

Es el momento de los gobiernos, para dialogar, para ser las bases de esos puentes que tenemos que construir, la ciudadanía tiene que confiar en alguien, pero cada vez nos podemos llegar a sentir abandonados.

Un gobierno puede cumplir con esa función siempre y cuando genere confianza no solo con la transparencia y la rendición de cuentas, va más allá de eso, llega a las limítrofes del sentido común, de actuar bien y abandonar los intereses individuales por un horizonte común, el orgullo no nos puede costar más que las necesidades de nuestra gente.

Las pastillas amargas son para todos, no porque sean necesarias sino porque no hay opción, a eso se le llama divergencia, apartarnos de todo aquello que creíamos que era bueno pero que en realidad es malo, nos hace daño. Es el momento donde las decisiones que tomemos pasen por una serie de evaluaciones de conciencia donde nos conozcamos a nosotros mismos.

El momento de los gobiernos es ahora, para cumplir su finalidad máxima: El bienestar social, con esto no quiero decir que sólo el gobierno debe de actuar, debe de mostrar el ejemplo más grande de trabajo en equipo e interlocutor con los sectores que mueven un país, sino; estamos perdidos.

Algo sí tenemos en nuestro ADN, y eso es la resiliencia con el espíritu siempre lleno de esperanza y con el vigor de salir adelante. Urge proteger lo que en realidad vale la pena, actuar al 100% de nuestra capacidad pensando en planes y propuestas sostenibles y coherentes con nuestras necesidades y capacidades reales, proteger a la ciudadanía se ha convertido en una realidad tan fuerte que no la queremos ver en el espejo.

El llamado es hacia el gobierno, pero también a los sectores de impulso nacional, a trabajar juntos y dejar nuestras diferencias, por un lado, y convertirnos en el oxígeno que salga a flote este país.

La sostenibilidad comienza desde adentro, desde la evaluación de nuestras capacidades, eso tiene que comprender el ejecutivo, existen otras entidades que no están explícitamente para ser contraparte, sino más bien se puede canalizar esa energía para avanzar, algo que no necesariamente comparten un ideal o una ideología, pero sí pueden compartir un solo objetivo, y es sacar a El Salvador adelante.

Veamos estas calamidades para resurgir como una nueva oportunidad para crear acuerdos de país que en realidad cumplan con lo que la ciudadanía exige, si somos transparentes seremos confiables entre nosotros mismos y poco a poco aprenderemos que las diferencias nos hacen únicos, pero aprender a administrar esas diferencias nos hace imparables.