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HuellitasPrincipalEscuchando a Roberto Salomón en la radio, haciendo publicidad para la próxima temporada de teatro, transmite con entusiasmo la  fe que tiene en los jóvenes que participan y asisten a las obras que se desarrollan en las tablas. “Nuestra juventud no está perdida”, agrega. Es perceptible que él decidió girar su vista hacia lo bueno que se puede hacer y se hace en esta tierra.

Por Jennifer Barillas de Arriza

Lectora/Colaboradora

Hay muchas iniciativas que están volviendo su mirada y todas sus energías a cambiar el mundo desde la actitud individual de ayudar al prójimo. Desde Fundación Huellitas, que salva perros abandonados y les busca hogar, salvar tortugas marinas, limpiar la Playa los Cóbanos, ayudar a niños en los hospitales ya sea con una visita, o juguetes; dar una cuota mensual para los hogares que rescatan niños en desnutrición; grupos que dan techos o viviendas para los que no tienen hogar, hasta unidades de proyección social universitarias como Ángeles Voluntarios, de la Universidad Matías Delgado. Todas estas agrupaciones transforman el país y el mundo en un lugar esperanzador. Estas causas sobreviven de personas que no delegan esta oportunidad única de amar al prójimo.

Hay muchos proyectos como necesidades en el país. Y sólo hace falta que cada ciudadano encuentre su espacio donde haga eco su deseo de ayudar y se enfoque a dar un poco de sí mismo, ya sea con tiempo, con dinero, con otro tipo de recursos que aporten a la transformación social.

Incluso, las transformaciones sociales pueden partir desde la vocación que tenemos. Como señala Andrés Oppenheimer en su libro: “Crear o Morir” donde habla del cambio que surgió en la cocina peruana, en cómo se volvió un arte culinario que genera hoy no sólo aporte económico al país sino que ha trascendido fronteras. El chef Gastón Acurio escribe: “La diferencia es que nosotros (él y otros chefs que creyeron en impulsar la cocina local con ingredientes locales), no abrimos un restaurante, sino que generamos un movimiento…. En un movimiento, uno es parte de una actividad. Genera un movimiento económico mucho mayor”.  Y expone el libro cómo mucho de los chefs de esa generación dejaron de usar camarones fuera de temporada de consumo para no dañar el medio ambiente, incluso compartían sus recetas por televisión, en lugar de ocultarlas a la antigua, quedarse con los laureles y enterrar en la tumba la oportunidad de salir al mundo como algo robusto y gigantesco.

Hay nuevas generaciones de empresarios en El Salvador también, como Alfredo Atanacio Cáder, quien fue nombrado emprendedor del año en el 2014. Generó cien empleos en el país. Recuerdo haber leído que contaba Cáder que, durante su etapa inicial se preocupaba por las noches pues no podía pagar servicio de vigilancia para el equipo de computadoras que había instalado en su empresa no fuese robado. Pero se arriesgó, dio un salto de fe y cambió la perspectiva de invertir y dar un voto de confianza al país. Es un  ejemplo que se puede volver la vista hacia lo que no está perdido, sino por el contrario, hacia lo que puede brillar y hacer brillar la vida de cien o más.

Ya sea amando apasionadamente lo que hacemos y buscar en ese ejercicio trascender como sociedad, compartir la luz que ponemos en las tareas que realizamos, compartir nuestros aciertos, éxitos, ideas con aquellos que buscan brillar también genera movimientos, espacios nuevos y sobre todo nos transforma a nosotros para luego transformar lo que nos rodea.

Ojalá y cada día pudiésemos preguntarnos por un momento ¿qué hice hoy para beneficio de otro aparte del mío?, algo pequeño, regar una planta, dejar vivo un árbol, ayudar a todo quien y que necesite, quizá más allá de amar al prójimo, es amar a lo que tengamos próximo, como decía Alberto Masferrer.  Girar el cuello un poco, más allá de mí mismo puede hacer de este lugar un sitio distinto.

En las cosas pequeñas que florecen hay belleza transformadora más allá de los ojos.

Despojarse del mal hábito de ver lo que daña, que no enaltece es un vicio que podemos ir erradicando al volver la mirada hacia causas buenas.

Citando de nuevo al chef Acurio “o nos peleamos por migajas, o intentamos construir un mundo nuevo que nos beneficie a todos”…. “Si tu entras a mi compañía y preguntas cuál es su misión, la respuesta que recibirás es ésta: Desarrollar la cocina peruana en el mundo”. Esa misión tan llena de trascendencia es lo que se necesita en las actitudes cotidianas.

En su libro: “Poder, Política y Cambio”, Osho plantea una posibilidad de vivir muy distinta. Este libro tiene una perspectiva de cambio y hacer política que no había encontrado en otros autores.

Arriesgarse a vivir intensamente, pese a la desilusión de un clima árido para iniciativas diferentes, para la innovación o para sobrevivir  a la muerte inminente diaria, este libro dice algo que llamó mi atención: “la dicha no está en completar algo; la dicha está en haberlo deseado, en haberlo deseado con toda intensidad, en que mientras lo estabas haciendo te olvidaste de todo, del mundo entero; en que era el único foco en todo tu ser”. Y cuando veo estas historias de personas que saltaron y lograron florecer, dar frutos, miro eso, una total inmersión y compromiso a trascender porque lo deseaban intensamente.

Volver hacia lo que no está perdido quizá sea eso. Sumergirnos por un momento si contar el tiempo para entregarnos a eso que deseamos casi de manera imperativa y volver a la luz ese quehacer que genera cambios internos y sociales. Y cuando la dicha de lograr hacer es grande, uno puede girarse y ver que no todo está perdido, lejos de eso, encontramos nuevas maneras de hacer un mundo mejor.