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habitos positivos en niñsDurante una tarde, mientras compartía con una amiga muy querida, las experiencias de ser mamá, me dijo: “Sobre eso deberías escribir”, pues conversábamos de la importancia de que los hijos tengan buenos hábitos y no hay nada mejor que iniciar un año nuevo con metas positivas.

Redacción:  Jenniffer Barrillas de Arriaza

Foto: Redes

Inicio el tema, con que los seres humanos somos libres por naturaleza, y que todo aprendizaje es un acto volitivo. Una vez que nos comprometemos con nosotros mismos para hacer un cambio… esto puede ser posible.

Los hijos son seres libres, pero quienes con una guía y sobre todo nuestro ejemplo pueden desarrollar hábitos positivos, en la puntualidad, hacer ejercicio, ordenar su habitación, practicar buenos modales en la mesa, dejar las pataletas, o desarrollar también virtudes puede parecer algo utópico en un mundo donde nos creemos muy buenos porque no matamos y no robamos.

Muchos decimos, “pero si es un buen hijo”, no debo exigirle tanto. Sin embargo, las cosas que pueden llevarle a victorias personales que desarrollen una sana autoestima y sepan el valor de las cosas no es algo excesivo sino, por el contrario, en una necesidad.

Recuerdo que en edades tempranas ponía un pliego de papel bond con un organizador semanal que le llamábamos el “horario de campeones”, un nombre atractivo para los niños.

Ahí poníamos en las casillas las cosas que deseábamos mejorar, mamá no perdería los estribos en el tráfico, otro dejaría de quejarse, el otro despertaría de buen humor, el otro ordenaría sus objetos personales y así, la semana iba transcurriendo con pequeños triunfos que se celebraban con tiempos para jugar en casa, una hora en el parque, sobre todo, premios que no fuesen objetos que se compraran con dinero, sino que se valoraran, que es diferente. Todo éxito se celebraba con elogios y porras.

A medida que han avanzado los años las cosas han ido cambiando. Hoy deben cumplir con sus metas si desean a cambio algo que de verdad desean. En ocasiones han sido cosas materiales, pero en otros casos ellos mismos piden un espacio a solas con mamá o papá o sus amigos. De manera que se sientan felices con tener en su vida momentos que guardarán en sus corazones y memoria y que no habrán comprado en ningún lugar.

No pretendo con mis palabras aconsejar a nadie. Más bien comparto vivencias que aprendí en un diplomado impartido por ICEF. La experiencia fue gratificante, ya que ningún padre tiene manual para formar a sus hijos. Así que conocer a cada uno como es, y trabajar en equipo con esa materia prima, con lo que cada uno somos es la manera que encontramos de pulir poco a poco aquello que deseábamos mejorar. Y la tarea se renueva siempre.

Creo que hay situaciones donde una mamá puede sentirse limitada o un papá. Y dada nuestra cultura pensamos que los sicólogos son para niños con problemas como hiperactividad o déficit de atención. Un terapeuta puede ser un apoyo sustancial para un niño que necesite ayuda.

He visto madres que con mucha pena me preguntan si conozco un sicólogo para sus hijos y la verdad no creo que sea razón para sentir pena. Para mí hay que sentir pena de la desidia, del descuido, de la indiferencia, pero no del deseo de ayudar a un hijo para que supere obstáculos donde los padres a veces nos sentimos limitados. ¿Por qué no aceptarlo? No podemos hacerlo todo. Así como necesito un Ortodontista para moldear la sonrisa de mi hijo, o un maestro que le enseñe el idioma francés si lo desea, así también puedo buscar un terapeuta si se requiere.

Una de las recomendaciones que leí en internet para los propósitos nuevos es que sean metas realistas y alcanzables, que partan de un vocabulario optimista, como por ejemplo: “Reduciremos juntos las horas de navegación en casa”. Y a la par tener una actividad que compense ese cambio como salir a caminar, escuchar música, leer un libro, jugar en familia, y otras actividades creativas.

Lo primero, y siempre mencionado es dar el ejemplo. Y lo cierto es que sin ejemplo, sin demostrar que nosotros estamos esforzándonos por cambiar en algo es difícil que los demás adquieran y valoren el compromiso.

A un adolescente es más difícil convencerlo que arregle su habitación si yo no hago lo mismo, y cuando viene la curiosidad por los vicios, en algunos casos, nuestro ejemplo les dirá más que un sermón.

Los hábitos positivos nos llevan a las virtudes. Y creo que eso es lo que hemos perdido estos días.

Últimamente hay toda clase de abusos por nosotros mismos como ciudadanos porque hemos perdido la sensibilidad de la maldad. Nos justificamos, creemos que, porque no robamos o no matamos tenemos derecho a ser groseros en la calle, a ser desagradables en lugares públicos, a creer que exigimos nuestros derechos en detrimento de los ajenos y una serie de abusos, causa de un egoísmo desmedido que, al final, hace la sociedad más enferma y muy blanda con los abusos mayores.

Nos quejamos de la violencia pero no hacemos nada porque no estamos lo suficientemente empoderados para hacer algo que cambie las cosas.

Estamos nosotros mismos siendo violentos al ser groseros por el tráfico, al robar tapaderas de tubería, al tomar los recursos del Estado como propios, al hacer un trabajo “chambón”, encubrir abusos ajenos, disponer de recursos de una empresa como propios, creer que todos deben respetar mis derechos pero que yo no tengo razón alguna para respetar a los demás.

Sabemos que para cambiar las cosas de afuera hay que cambiar lo de adentro y con tanta ocupación nos damos por vencidos con las obligaciones cotidianas, como un justificante suficiente para que las cosas sigan igual.

Para desarrollar hábitos positivos se necesita un plan, voluntad, y una dosis de necedad y para cumplirlos, aunque a veces no queramos. Hagámoslo por nuestro propio bien y en consecuencia haremos una mejor sociedad más humana.

 

 

 

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