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José Martínez es un padre deportado de los Estados Unidos y tiene 5 años de no estar con sus dos hijas. El salvadoreño celebró el Día del Padre con sus hijas por medio de una llamada telefónica. Los padres migrantes viven tristeza, depresión y frustración cuando son separados de su seno familiar.

Redacción y fotos: Marvin Díaz

Su manos tomaron aquel flacucho celular, con paciencia sus dedos marcaron cada uno de los números, en un instante el silencio de aquella habitación fue interrumpido por los tres tonos de llamada; sorpresivamente en su rostro se dibujó una sonrisa al oír: ¡Hello father!; así inició aquellos 10 minutos de conversación.

El sábado 17 de junio, que se celebró el Día del Padre, en El Salvador, José Martínez de 50 años de edad, decide celebrar esa fecha junto a sus dos hijas residentes en Estados Unidos. El inusual festejo se dio a través de esos pocos minutos de plática que sostuvo con sus “dos princesas”.

Los minutos corrían a paso acelerado, el palabrerío en inglés no cesaba; en un abrir y cerrar de ojos aquellos 10 minutos fueron desvaneciéndose, José se despide: “bye my love” y nuevamente el silencio volvió a inundar la habitación; la sonrisa de aquel padre desapareció y dice: “Es triste no poder estar con mis hijas en este día del padre, me siento destrozado de saber que mis hijas estén allá y yo aquí en El Salvador”, expresó.

Este salvadoreño fue deportado del país norteamericano y tiene 5 años de no estar con sus dos hijas. “La última vez que vi a mis hijas fue cuando me vieron a ver a migración, fue en mayo  2016, el día de mi cumpleaños”,

José es originario del municipio de Quezaltepeque, él emigró a los Estados Unidos, a sus 17 años de edad por el conflicto de la guerra civil(1985); desde entonces ha vivido en el Estado de Los Ángeles California durante 25 años, hasta que fue deportado a El Salvador.

“A los 3 años de estar allá hice mi familia, tengo mis 2 hijas. En el 2009 me deportaron mi primera vez, luego me volví a ir en 2014 y me volvieron a deportar en 2015”, aseguró.

Martínez recuerda lo difícil que es estar en un reclusorio de migración, alejados de sus su familia y sus hijas. “Yo recibí maltrato, por ejemplo, te ponen el aire acondicionado a todo volumen; te dan una comida como pajarito, no te sustenta en nada; hay veces que te quitan el aire acondicionado y te dejan sudando. Te dan un maltrato psicológico”.

Desde la separación con sus hijas, José, solo se puede comunicar vía telefónica. Él no pierde las esperanzas de volver a ver a sus niñas. “Yo si tuvieras a mis hijas les diría que las quiero mucho, las extraño  y les mando un abrazo. Nunca pierdo las esperanzas de verla de nuevo”, finalizó.

El Instituto Salvadoreño del Migrante (INSAMI) agasajó a los padres migrante en su día. La ONG atiende a personas retornadas de Estados Unidos que han sido residentes durante mucho tiempo. IMG 20170618 WA0003

Cesar Ríos, Director Ejecutivo de ISAMI, indicó que este instituto alberga a muchas personas migrantes. “Atendemos a la población deportada que ha vivido más de 5 años ó 10 años en Estados Unidos y tenemos personas que han vivido 30 y 35 años”, precisó.

El doctor Gizi Moza, director de la clínica CLIA, sostuvo que la separación del jefe de hogar y su familia tiene graves consecuencias en la vida del migrante. “Los problemas psicológicos que presenta las personas migrantes son la depresión porque ellos se siente derrotados; luego la soledad; el miedo; la tristeza de no tener a sus familia; y la frustración del hecho que ellos generaban el sustento económico tanto a sus familias en Estados Unidos y aquí en El Salvador”, detalló.

El director afirmó que luego de la deportación los migrante deben afrontarse con la discriminación de la sociedad. “La deportación genera un trauma, y este tiene diferentes crisis y son muy sensibles al caer en estas crisis, por ejemplo, cuando van a pedir un empleo, les dicen no te damos trabajo porque eres deportado o eres mayor de edad; eso causa un sentimiento de rechazo”, finalizó.

INSAMI brinda un ambiente de convivencia a los padres de familia deportados, además de brindarles un acompañamiento psicológico, social y médica. 

 

 

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